O de las refexiones de todos mientras tenemos un extraño animal mecánico entre las piernas. O como diría mi señor padre: solo es gente que maneja bicicleta. Y si les gusta la fotografía, disfutarán el corto, y si tienen bibicleta ... jódanse, viven en Lima.
Esta sinopsis no merece ser alterada: Una mujer, interpretada por un hombre, pega una imagen de Cristo en la pared de un baño, luego se desviste y se introduce en la bañera, donde se corta las venas. Luego llega su novio, quién entra en el baño para usar el inodoro, sin percatarse de la presencia del cadáver. Después de defecar y al no encontrar papel higiénico se limpia con la imagen de Cristo. Con los pantalones aún bajos descubre el cuerpo de su novia en la bañera y procede a practicar una fellatio con la boca de la muerta hasta eyacular. Fin
Yo nacía y un grupo de cineastas neoyorquinos también. Hacer cine tarstocando lo académico y lo moral, ventilando suciedad, violencia y un punk visual, devino entonces en el cine de la transgresión...
Alguien te tocará la puerta y te pedirá el baño prestado porque no tiene donde suicidarse. Se lo negarás. Entonces oirás sobre un país de liliputienses mujeres y donde todo es pequeño, maravilloso, insignificante, insignificante...
El acto de recolectar basura es sublime, al margen de que la ciudad de los hombres termine alimentándose de sus desperdicios. Curiosa ley humana. No volveré a despreciar el sonido de la campanita-triángulo, acompañado del ladrido de los perros, que pasa todas las mañanas por la calle mi casa.
Hace unos días razonaba sobre el hecho de morir y llegué a la conclusión de que aún no quiero hacerlo. Hoy no, mañana sí. No amo la puerca vida ni tampoco la odio. Los límites de la indiferencia estática y moralmente suspendida son como globos de agua bastante cómodos como para revolcarse sobre ellos con algunos cigarros. Dios debe ser como un cigarrillo que nunca se termina. La inmortalidad debe ser aburrida. La imagen de un suicidio perpetuo lo es más. Rutina. Me voy a morir-podrir. Mi hijo se llamará Joaquin o José Arcadio y orinará sobre mi epitafio. Me puse en ocasionales situaciones límites con la intención de que mi mente vomite ideas o sugerencias sobre las maneras de morir más felices o terribles. Algunos amigos opinaron. Cada uno en lo suyo y sus fobias con los 4 elementos - el amor no cuenta-: quemado, asfixiado, ahogado, enterrado, triturado, decapitado y ado, ado y ado...
Bahhhh!!!!!¡No más!¡Qué flojera! La mejor manera de morir es esperar con resignación, como Nobuo Takagi, a que te maten.
Desperté con ganas de beber y mi mente pensó en la capital de Ucrania. Me recordé degustando un vodka barato. Kiev y las arcadas, Kiev y cifrut, carajo... no más. Así llegué a Pajaranov, Paradjanov o Paradzhanov ( elija el que más le acomode). El director ucraniano intentaba hacer una película que finalmente censuraron. Pero como todo buen bebedor de vodka, montó una especie de colage de película con partes que que permanecieron intactas después de que las autoridades soviéticas pararan la producción de Frescos de Kiev y pidieran que los negativos sean destruidos.
NO es necesario ser ucraniano para entender el cortometraje, pero ES necesario beber vodka KIEV mientras la ve.
No compren suscripciones para revistas (Sí, sí, hay excepciones) Segundo corto del maestro maestro maestro maestro maestro muerto Alemám. "¿Y tú que harás con el dinero?"
Era la primera vez que contemplaba tanta indignación en el rosto de mi padre y, por el parecido que le tengo, era como verme a mí mismo. Malcon Mcdowel, con bastón en mano, hacía de la suyas en ese mundo de imágenes violentas y sonoras llamado La Naranja Mecánica. Fue suficiente. Su lógica impulsó a su inocente y tierna ignorancia a proferir una frase que define algo más que a sí misma; una frase que es una forma de desver el mundo; un constructo verbal que establece que recorremos aquel sendero que siempre se bifurca a distintos ritmos; una altiva pespectiva de la historia que cada ser humano escribe; una cadencia moral grosera y arcaica: Solo es gente que camina. Tan simple, tan sencillo.Comprendí entonces lo relativo de lo trascendente. Fue conmovedor verle levantarse del sillón y caminar hacia quién sabe dónde.